Capítulo Uno

Cuando llegué el sábado al set de rodaje sentí un escalofrío por todo el cuerpo.

Allí había unas quince personas esperando indicaciones.

Era como tener un ejército esperando a que alguien les dijera cuál era la posición de cada uno.

Sinceramente:

Si no hubiese tenido a Sergi conmigo, esos tipos hubiesen muerto antes de salir de la trinchera.

Los hubiese visto morir uno a uno antes de que yo pudiera decir nada.

Afortunadamente, Sergi se encargó de la parte más técnica del asunto.

Aproximadamente sobre las diez y media de la mañana, se hizo el silencio y se gritó el primer “¡Acción!” de los muchos que vendrían en las próximas 48 horas.

Fueron 30 horas de rodaje en dos días.

Y en esas 30 horas no hubo ni un sólo problema.

Bueno… hubo uno.

La puta nube de humo.

El domingo teníamos un par de escenas algo complicadas.

Principalmente porque un servidor escribió una secuencia con niños y claro… los niños tienen una regla de oro que deberíais recordar:

Hacen lo que les sale de los huevos cuando les sale de los huevos.

Total…

No era un día sencillo.

A eso de la una, alguien se me acercó y me dijo que habían cerrado el aeropuerto del Prat y eso significaba que cinco personas corrían el riesgo de quedarse en Barcelona.

Cinco personas de las que estaban con nosotros y unos cuantos miles que no.

Durante una hora estuvimos intentado comprar billetes de tren por teléfono.

Algo complicado si al otro lado del teléfono tienes a un mono.

Hablo en serio.

Creo que nos atendió un mono.

A veces algunas multinacionales ponen a seres humanos y monos al otro lado del teléfono y cuando llamas puedes tener la suerte de que te toque un ser humano o la desgracia de que te toque el mono.

Es como una puta ruleta.

A nosotros nos tocó primero un mono.

La llamada se cortó y media hora después tuvimos suerte y nos tocó un ser humano.

Al final conseguimos cinco plazas de tren y todos pudieron volver a Madrid el domingo a las 18:30 de la tarde.

Yo no.

A esa hora estábamos empezando a limpiar la sangre del baño de una discoteca donde un tipo había muerto.

¡Mierda!

Acabo de dar otra pista.

Gracias

Los tipos que veréis más abajo son los que han hecho que una historia que estaba en un papel ahora sea real.

Y esa es la parte complicada.

Cuando uno escribe una historia lo hace imaginando e imaginar es relativamente sencillo.

Puedes imaginar a tu personaje en el sitio que te de la gana, haciendo lo que te de la gana y no pasa nada.

La única dificultad es saber como se escriben las palabras y últimamente ya ni eso.

Si una palabra está mal escrita, el Word te la subrayará.

Pero cuando quieres que esa historia se convierta en algo real necesitas a todos estos tipos.

No podía haber tenido un equipo mejor para este rodaje.

A lo largo de la semana iré contando cómo ha sido.

Intentaré contar desde el momento en que cogí el tren para ir a Barcelona el jueves 15 de abril a las 19:00 horas, hasta el momento en que bajé del tren en Madrid el lunes 19 a las 10:00 de la mañana, pasando por el momento en que la puta nube de humo casi estropea el viaje de cinco actores.

Pero este primer post era obligado dedicárselo a los que han convertido este corto en algo real.

Gracias.

Todo listo

Pues ya está todo listo para rodar el sábado por la mañana.

Los actores están convocados, las localizaciones están esperándonos (que no llueva el sábado por la noche, por favor), el equipo listo y mis nervios a flor de piel.

Lo bueno de este equipo es que es un grupo de inconscientes que no se asustan por nada.

Sergi me recuerda a Dustin Hoffman en “La cortina de humo”.

Si no la habéis visto os la recomiendo.

El presidente de Estados Unidos es protagonista de un escándalo sexual y su gabinete contrata a un productor de Hollywood para que cree una noticia que desvíe la atención de ese escándalo sexual.

Lo hacen y a cada paso que dan surge un nuevo problema; mientras todos se preocupan, Dustin Hoffman no hace más que repetir:

“No pasa nada. Esto no es nada”.

Aunque el problema sea tener un par de cadáveres en una gasolinera.

Sergi es igual.

Le llamas y le dices:

“¿Cómo haremos estallar…?”

Y él te dice:

“No pasa nada. Esto no es nada”.

Esto no significa que en el corto haya cosas que exploten.

No voy a dar ninguna pista sobre lo que vamos a rodar porque así será más divertido.

Lo único que voy a decir es que en el corto aparece un borracho y si estuviésemos en NY me hubiese encantado verlo aparecer en el callejón tarareando el temazo que os dejo un poco más abajo.

Pero como estamos en España y la alternativa que me viene es “Desde Santurce a Bilbao”… creo que aparecerá en el callejón sin tararear.

Además en ese callejón no estarán las cosas para muchas bromas.

¡Mierda!

He dado una pista.

Rye Whiskey – 5.3.09 from Jeff S on Vimeo.

La gran ola

Es difícil saber cómo envejecerán las cosas.

Anoche vi una peli de estas donde el mundo se va a tomar por culo y pillé el momento de máximo caos.

La gente corría intentando salvarse de morir arrastrados por la gran ola que estaba a punto de cubrir la ciudad de agua.

Así que pensé:

“Voy a quedarme a ver la gran ola”.

Cuando llegó la gran ola me di cuenta de lo mal que envejecen algunas cosas.

La ola estaba claramente proyectada sobre una pantalla y cuando supuestamente iba a arrasar con toda la ciudad, veíamos un plano de algún actor que se tapaba la cara y recibía el impacto de un par de litros de agua tirados con mala leche contra su cara.

Me gusta ver películas antiguas por varios motivos, pero uno de los principales es porque en aquel entonces si querías fingir que una gran ola se llevaba por delante una ciudad, tenían que romperse los cuernos para buscar una alternativa porque no existían los ordenadores.

Pero eso no significa que no me guste lo digital.

Adoro lo digital.

Sobretodo cuando se utiliza para llevar adelante una idea tan increíble como ésta.

PIXELS by Patrick Jean from ONE MORE PRODUCTION on Vimeo.

El problema es que como yo no tengo ni puta idea de programar, me resulta más sencillo proyectar una ola contra una pared y cuando supuestamente va a arrasar con toda la ciudad, enseñar el plano de un actor tapándose la cara y recibiendo el impacto de un par de litros de agua tirados con mala leche contra su cara.

Federico Álvarez

Hace algunos años le gastamos una broma a mi abuela.

Cogimos el mando de la tele y le dijimos que al otro lado de la línea estaba su nieta.

Ella cogió el mando y se lo puso en el oído al grito de:

“¿Cómo estás, vida?”

Después de decirnos un par de veces que no escuchaba nada, se dio cuenta de la broma y nos mandó a la mierda a todos por capullos.

A nosotros nos pareció una broma desternillante porque era una persona que no estaba acostumbrada a ese tipo de avance y había confundido el mando a distancia con un teléfono móvil.

Hace unos meses me di cuenta de que yo era exactamente igual que mi abuela.

Sólo que en lugar de confundir un mando con un teléfono estaba confundiendo Internet con una oficina de correos.

Mi utilización de Internet se limitaba a mirar el correo y poco más.

Por suerte un par de tipos se tomaron la molestia de explicarme la infinidad de usos que tiene Internet.

Y uno de los que me pareció más interesante es el poder utilizar este medio como escaparate.

Antes, si alguien quería enseñar sus trabajos a la gente, tenía que patear montones de oficinas, conseguir montones de reuniones y dejar millones de CV y CD´S con sus trabajos.

Y siempre se marchaba del sitio sin la certeza de que ese CV o ese CD se viera.

Eso ha cambiado.

Ahora uno puede enseñarle al mundo (eso de enseñarle al mundo no suena mal, ¿eh?) sus trabajos.

Y si sus trabajos están bien hechos, ese tipo puede tener más suerte de la que probablemente hubiese imaginado nunca.

Y si no que se lo digan a Federico Álvarez.

Un director uruguayo que con poco más de 200 euros hizo esto, Spielberg lo vio y le dio un toque en plan:

“Federico… ¿te apetece que hagamos algo juntos?”

14 Federico Alvarez – Ataque De Pánico from Terror Y Nada Más on Vimeo.

Practicar

Practicar, practicar, practicar y practicar.

Esa es la mejor manera de aprender a hacer algo.

Podéis apuntaros a millones de clases de interpretación, guión, realización, fotografía…

Pero si al llegar a casa no practicáis, esas clases no servirán de nada.

Cuando termine el curso tendréis un montón de notas que no sabréis que significan.

Probablemente intentareis hacer algo tomando esas notas como punto de partida os desesperaréis porque no sabéis que significan la mitad y acabéis por cerrar la libreta y no hacer nada de nada.

Cuando estudié piano tenía una clase de dos horas por semana y practicaba unas 50 horas semanales.

En cuanto llegaba a casa me encerraba en una habitación a practicar todo lo que me habían enseñado.

Y os diré algo que deberíais recordar:

Aprender cuesta mucho y olvidar cuesta poco.

Y sino que se lo pregunten a mi piano.

No esperéis a tener una historia para grabar cosas.

A veces las historias aparecen cuando ves las imágenes que has grabado.

Por ejemplo:

El verano pasado compré una cámara que puede meterse bajo el agua.

No es muy cara.

Por poco más de cien euros podéis tener una.

Tenía que probarla y fuimos a una piscina, nos metimos debajo del agua y nos grabamos dándonos un abrazo.

Cuando vimos las imágenes en el ordenador se nos ocurrió que igual con un par de frases escritas eso podía convertirse en una broma.

Así que escribimos un texto antes del video y la cosa quedó así:

La amistad

Puede que muchos tengáis escritas historias que os gustaría rodar.

Mi consejo es que lo hagáis.

Hoy en día rodar algo es realmente sencillo.

A menos que tu historia sea algo tipo “La jungla de cristal”.

En ese caso te aconsejo empezar por algo más… simple.

Escribe historias donde no necesites nada que no tengas tú.

Por ejemplo:

La primera historia que “rodé” yo, (pongo rodé entre comillas porque utilizar el termino rodar para esto que vais a ver me parece insultante para el séptimo arte), sólo tenía dos personas y pasaba en un salón.

La idea era muy idiota:

Un tío quiere hacer un sacrificio para entrar en una secta y le pide ayuda a un amigo.

Al final sacrifican a una persona.

Esto hay muchas maneras de hacerlo.

La primera es alquilando equipos de luces, haciendo un casting para seleccionar a los actores, buscando a un director que esté interesado en el proyecto, dibujar un story board, contratar maquilladores para la tortura, buscar el salón perfecto…

Si hubiera hecho eso seguramente hubiese quedado de puta madre pero hubiese tardado meses y me hubiese costado una pasta.

Teniendo en cuenta que no pretendía ganar un Oscar sino practicar, no tiene mucho sentido.

Así que opté por el plan B.

De los dos personajes, uno iba a llevar la cámara en plan “fiesta casera”, las luces iban a ser las que venían de serie con el piso y en cuanto al sacrificio… no lo íbamos a ver.

Sólo íbamos a escucharlo.

El problema es que yo no sabía cómo poner sonido con el ordenador.

Así que hicimos lo siguiente:

Cogimos una escena de James Bond donde alguien pega un grito y justo cuando gritaba, le dábamos al pause y conectamos el equipo de música.

Los gemidos que se escuchan mientras yo traigo el cuerpo corresponden a mi persona dando golpes a las paredes y a mi colega gimiendo como si tuviera la boca tapada.

Por eso nunca nos escuchareis hablar al mismo tiempo mientras alguien gime.

El resultado:

Unas risas, una práctica y esto:



Mala suerte

Cuando rodamos “Mala Suerte” dedicamos mucho tiempo a decidir qué canción debería estar escuchando mientras… ¡¡¡¡¡¡PELIGRO SPOILER!!!! (siempre había querido hacer esto) destrozan a hachazos a la chica..

¡¡¡¡FIN DEL SPOILER!!!!

Lo único que teníamos claro era el tipo de canción que queríamos.

Escuchamos muchas pero ninguna acababa de encajar.

Sobretodo la letra..

Así que pensamos:

“¿Y si la componemos nosotros?”

Así que eso fue lo que hicimos.

Llamé a Luis Vega (pianista), le conté la idea y se apuntó.

Mientras él escribía la música yo me puse con la letra y un par de semanas después teníamos algo listo.

A partir de ahí vino la parte complicada:

Encontrar músicos que tuvieran libres los mismos días para ensayar y grabar la canción.

Cualquiera que conozca a los músicos sabe que cuadrar agendas con ellos es lo más difícil del mundo.

Y cuando digo lo más difícil del mundo, me refiero a lo más difícil del mundo.

Puede que tengan un día libre pero si la noche de antes deciden salir… estás jodido.

Sin embargo, tuvimos suerte y Luis engañó a tres tipos:

Ainhoa Vidaurreta para que cantara el tema, Eduardo Medina Jr. para el contrabajo y a Jim Penalver para la batería.

De pronto habíamos pasado de no tener canción a tener un cuarteto de jazz para grabar nuestro propio tema.

El resultado fue este:

 

Y por si alguien no sabe inglés, la letra dice esto:

“Cuando pienso en tu amor
todo a mi alrededor es felicidad.
Mi corazón sonríe conmigo.
La vida es maravillosa.
Sólo un hombre con un hacha puede joderlo todo.
Pero el hombre del saco no existe.”

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